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En el bunker con Hitler

en-el-bunker-con-hitlerEn el bunker con Hitler

Bernd freytag von Loringhoven

Traducción de
Maria Pons Irazabal

Ed. Booket,
Barcelona 2008

175 páginas

Miguel Angel Villena. Babelia El Pais

Sabe que es historia viva de una época que conmocionó al mundo y ha decidido escribir sus memorias (Con Hitler en el búnker. Los últimos meses en el cuartel general del Führer, julio 1944-abril 1945) para que las nuevas generaciones no repitan los errores y los crímenes del pasado. Tiene claro que luchó por Alemania, “no podía hacer otra cosa”, y no por el régimen de Hitler, el mayor criminal de la historia. Casi 62 años después del final de la II Guerra Mundial, confiesa que no se siente responsable ni culpable de las innumerables atrocidades y crímenes perpetradas por los nazis porque él no cometió ningún acto contrario a los derechos humanos ni a las convenciones internacionales. A punto de cumplir unos intensísimos 93 años, Bernd Freytag von Loringhoven (Arensburg, Estonia, 1914) es el último testigo de primera fila de los últimos meses del nazismo, y por ello fue asesor histórico de la película El hundimiento, que dirigió Oliver Hirschbiegel e interpretó Bruno Ganz en 2004. Sentado en un sillón de la biblioteca del chalé con jardín donde vive, en un barrio acomodado de Múnich, este militar que asistió a reuniones diarias con Hitler y con sus principales lugartenientes entre julio de 1944 y abril de 1945, que escapó del búnker a través de un Berlín en ruinas rodeado por las tropas soviéticas, que fue prisionero de guerra de los británicos y que, más tarde, ayudó a reconstruir el Ejército federal alemán de la democracia y que se retiró como general en 1973, hace gala de una memoria prodigiosa y de las dotes de un gran conversador. Al evocar la derrota del III Reich en la entrevista concedida a este diario, el que fuera comandante Freytag declara sin pestañear y con todo el conocimiento de causa: “Adolf Hitler no estaba loco en modo alguno. Era una persona brillante, con una cabeza bien ordenada y una capacidad memorística fuera de lo común. Tener el poder fue su único objetivo, su única obsesión. No tuvo verdaderos amigos y nunca permitió que nadie le disputara el poder, y del mismo modo que encumbraba a sucesores como Goring o Himmler, después los apartaba del mando y los neutralizaba, los convertía en figuras irrelevantes. Sin duda, el sufrimiento del pueblo alemán durante los años 1944 y 1945 no le importó en absoluto, y buena prueba de ello fue que apenas visitó los frentes de guerra ni las ciudades bombardeadas por los aliados en aquel periodo”. El 23 de julio de 1944, un alto y apuesto comandante Freytag vio por primera vez de cerca al Führer en la Wolfsschanze (la Guarida del Lobo), el cuartel general instalado en Prusia oriental, y nunca olvidará que contempló a un dirigente hecho una ruina, a un envejecido hombre de 55 años que acusaba las heridas del atentado cometido dos días antes por el coronel Von Stauffenberg, al frente de una conspiración militar contra el dictador. “Acudí a aquel centro de operaciones rodeado de impresionantes medidas de seguridad como ayudante del general Heinz Guderian, jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra, y desde aquella jornada hasta la capitulación, asistí todos los días a las reuniones para analizar la situación que el Führer mantenía con sus más estrechos colaboradores tanto del Ejército como del partido nazi. Hitler me tendió una mano lánguida y musitó unas palabras de bienvenida. Noté que tenía la espalda encorvada, la cabeza estaba hundida y su piel presentaba un aspecto pálido y poco saludable. De cualquier manera, lo que más me impresionó, en contraste con una ocasión en la que había visto a Hitler en una tribuna de oradores en 1939, justo antes de la guerra, fue la pérdida de vitalidad en su mirada. Cinco años después, sus ojos transmitían mucho cansancio y no tenían ninguna expresividad. En aquella época ya sólo confiaba en las llamadas armas milagro para ganar la guerra”. Bernd Freytag accedió a mediados de 2004 a dictar sus memorias, que aparecerán el 9 de enero en Crítica en su edición española, cuando un periodista francés, François d’Alançon, descubrió su apasionante trayectoria al utilizar su testimonio para un reportaje aparecido en el diario La Croix. El nonagenario militar había escrito sobre sus recuerdos en 1948 cuando finalmente fue liberado por las tropas británicas después de haber pasado tres años como prisionero de guerra. En los cincuenta había intentado que algún editor publicara su diario, pero en aquellos tiempos los alemanes querían olvidar como fuera el pasado reciente, y el tono vital del país no estaba para recuerdos de oficiales que habían estado en el búnker con Hitler y su plana mayor. Alemania se aprestaba a emprender el camino del milagro económico de la reconstrucción y sus ciudadanos deseaban pasar página. Después vino la carrera de Freytag en el Ejército de la República Federal de Alemania, la Bundeswehr, y en la OTAN, donde ocupó puestos de responsabilidad, y sus memorias de la guerra durmieron en un cajón. “D’Alançon me convenció de la necesidad de publicar mi testimonio, y en el otoño de 2004 nos reunimos aquí, en esta biblioteca, nosotros dos y la mujer de François, que es austriaca. Así pude dictar el libro en alemán, aunque la primera edición se publicó en francés. La obra cuenta ya con ediciones en francés, alemán, inglés, italiano y checo, y están a punto de aparecer la traducción española y la portuguesa”. A pesar de sus achaques, Bernd Freytag von Loringhoven conserva el aire de un se un par de periódicos del día junto a biografias de personajes ilustres o tratados de ciencia militar. Este apasionado de la historia tiene que someterse tres veces por semana a sesiones de diálisis y todavía pueden verse junto a su ojo izquierdo las secuelas de un tumor operado. Ahora bien, familiares cercanos, como su hijastra Nicki y el marido de ella, Matthias, reconocen que no se queja nunca, mantiene una envidiable fortaleza de ánimo y despliega un humor muy sutil, como cuando confiesa al periodista que “el nacionalismo alemán ha quedado reducido a un himno que escuchan los jugadores de la selección de fútbol mientras mastican chicle”. Exhibe el general retirado ese porte elegante de los caballeros antiguos, de la época en la que fue joven, y recibe al periodista vestido con chaqueta tweed de cuadros, camisa azul, corbata de seda y pantalones de pana. Se apoya en un bastón para caminar y los médicos le aconsejan que no hable demasiado para no fatigarse. Pero Bernd Freytag von Loringhoven tiene muchas historias que contar. Porque no sólo fue testigo privilegiado del final del nazismo, sino que antes había tomado parte en la terrible batalla de Stalingrado. La expresión amable y simpática del anciano se transfigura cuando recuerda aquel horror en el que luchó como capitán de un batallón de tanques. “Fue un inmenso error de Hitler invadir la Unión Soviética porque cualquiera que conozca la historia militar sabe que nadie ha podido ocupar ese inmenso país que se llama Rusia. Además, al igual que en el caso de la invasión de Polonia que desencadenó la guerra en septiembre de 1939, el régimen nazi vulneró los tratados que había firmado con Moscú. En Stalingrado, los alemanes soportamos un cerco brutal durante dos meses en los que tuvimos que enfrentarnos a los rusos, sufrir temperaturas de 20 grados bajo cero y aguantar el hambre porque apenas comíamos un poco de pan y de sopa”. Al hablar de los rusos, Freytag recuerda con alivio que escapó en tres ocasiones de ellos, la última al abandonar el búnker de Berlín el 29 de abril de 1945, un día antes del suicidio de Hitler y de Eva Braun, con la misión de entregar un mensaje a unidades militares alemanas desmoralizadas que todavía defendían la capital. “Caer prisionero en manos de los rusos era nuestra peor pesadilla porque significaba una muerte segura y probablemente lenta en alguna de las prisiones soviéticas. Por ello, otros dos oficiales y yo sorteamos el cerco de Berlín, entre grandes penalidades y con mucha suerte de no ser descubiertos, hasta llegar tras muchas peripecias hasta las líneas británicas, en Dessau, a unos cuantos kilómetros de la capital. No en vano titulé Regreso a la vida el capítulo dedicado a nuestra salida de Berlín”. Freytag pasó tres años como prisionero de guerra hasta que sus interrogadores británicos se convencieron de que el ex ayudante del general Guderian no escondía ningún secreto ni manejaba información de especial interés. A partir de su puesta en libertad en 1948, el militar de origen aristócrata empezó a rehacer su vida familiar y profesional precisamente en Múnich, adonde regresó después, ya jubilado, tras haber vivido en Bonn, la antigua capital de la República Federal de Alemania. Encontró trabajo en una editorial y pudo reunirse con su mujer y con su hijo, que en la posguerra habían logrado pasar desde Leipzig, donde residían, al sector occidental, en el land de Baden Württemberg, gracias a la ayuda de un diplomático suizo. Algún tiempo después, Freytag von Loringhoven se separó de su primera mujer, y aquel hijo murió de un cáncer. En los años cincuenta, cuando ya se había podido reintegrar al Ejército, volvió a casarse y tuvo otro hijo, nacido en 1956, y que en la actualidad trabaja en el Ministerio de Exteriores alemán. Su segunda esposa falleció en 1981 y el militar contrajo matrimonio por tercera vez con Hertha, con la que vive en la actualidad en un amplio chalé de dos plantas con jardín, atendidos por una asistenta y acompañados de dos perros. Ambos eran amigos y enviudaron en un corto espacio de tiempo, de modo que decidieron unir sus vidas. Su hijastra, Nicki, y su marido, Matthias, residen también en Múnich y visitan con frecuencia a la pareja de ancianos. No tiene intención de escribir más libros ni de relatar más historias. “Lo que tenía que contar ya lo he dejado por escrito y, desde luego, me alegro de que el libro se haya traducido a varios idiomas y de que haya vendido miles de ejemplares. Creo que mi testimonio puede servir y, como digo al final de mis memorias, el respeto y la protección de la digni? dad del ser humano están inscritos ya en nuestra Constitución, y la Alemania democrática, convertida de nuevo en miembro de pleno derecho de la comunidad internacional, tiene en ese ámbito una responsabilidad especial. Cuando la historia ilumina la memoria, se da el mejor antídoto contra la intolerancia”. Con razón puede apelar este “viejísimo hombre”, como él se define, a la historia, porque su recorrido vital ilustra el siglo XX alemán y desvela muchas claves sociales de los comportamientos frente al nazismo. Freytag destaca que, entre sus compatriotas, se observaron tres conductas frente a Hitler. “Una tercera parte de alemanes fue partidaria incondicional del nazismo y votó a Hitler en las elecciones de 1933, en las que los nazis fueron la fuerza más votada. Otra tercera parte, más o menos, militó en la oposición y por ello fue fusilada, encarcelada u obligada a marchar al exilio. Por último, el resto se encuadró en una mayoría silenciosa que miró hacia otro lado durante los 12 años de dictadura nazi. Ahora bien, muchos no supimos la dimensión de las barbaridades y del genocidio, en especial, en los campos de concentración. Desde la perspectiva de hoy, de muchas fuentes de información, de una prensa libre y de un mundo globalizado, resulta dificil imaginar que yo supiera de la existencia de Dachau [un campo de concentración cerca de Múnich donde fueron encarcelados muchos alemanes de la oposición] e ignorara lo que estaba pasando en Auschwitz o en Mauthausen. En las guerras, todo se convierte en propaganda, de un lado y de otro, y Alemania estuvo llena de rumores. Cuando los británicos me mostraron fotos del horror de los campos de concentración me sentí conmocionado”. Bernd Freytag von Loringhoven ha escrito un libro con la cabeza y con el corazón donde descubre las pautas de conducta del mayor criminal de la historia. Al mismo tiempo explica su propia actitud, la del autor, la de un joven militar profesional que debe cumplir órdenes, pero que intenta no atentar contra los derechos humanos ni traicionar su conciencia moral y religiosa de un protestante convencido. Este anciano militar representa las contradicciones de un siglo. Admiró a Von Stauffenberg y no delató a los conspiradores contra Hitler, a la vez que cumplía las misiones encomendadas por el Führer. A modo de despedida, Freytag cita al que fuera canciller socialdemócrata en los años setenta, Helmut Schmidt, que había sido oficial de la Wehrmacht, y hace suyas estas palabras: “No podía hacer otra cosa que luchar por Alemania, pero nunca luché por Hitler”. Uno de los más estremecedores capítulos del libro de Bern Freyttag es el titulado Hitler tal como lo conocí, del que se reproduce a continuación un pasaje: “Dispensaba un trato glacial a los que le rodeaban. Le bastaba un gesto o una actitud, no necesitaba palabras (…). Aquel hombre respiraba crueldad. Tenía el poder de decidir sobre la vida o la muerte de todos nosotros. Durante las últimas semanas de la guerra, el temor que desprendía se volvió cada vez más opresivo. Recuerdo una reunión en la que se había discutido en presencia de Himmler la cuestión de los prisioneros de guerra aliados evacuados del frente oriental. Esas columnas de prisioneros se añadían a los refugiados obstaculizando las carreteras y dificultando los movimientos del ejército. Hitler se volvió de repente hacia Himmler, que estaba apartado detrás de él, y le dirigió una mirada amenazadora. A continuación hizo una breve observación sobre los pilotos aliados prisioneros de guerra. Todos los que lo oyeron pudieron concluir que la consigna era clara: los prisioneros no debían sobrevivir (…). Se hizo un silencio de muerte entre los asistentes, paralizados de miedo. Hitler era cualquier cosa menos loco, en el sentido corriente del término. Poseía unas dotes intelectuales admirables y un agudo sentido de las relaciones interpersonales. No obstante, era un ser anormal en muchos aspectos, especialmente en su desconfianza radical hacia los demás. Hitler no tenía amigos (…), ya no confiaba en nadie y veía en todas partes traición y sabotaje. Cada vez más solitario, vivía al margen del mundo exterior, apartado del pueblo (…). No aceptaba consejos de nadie, ya que estaba convencido de ser infalible, tanto en política, como en asuntos militares. Era un inmenso egoísta.”

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Terminamos esta breve reseña sobre la genial alemana con una selección de sus más recomendables libros y la editorial de referencia para ellos. Disfruta del verano leyendo, y si es posible con Arendt
 
Los origenes del totalitarismo (Alianza). Los gobiernos totalitarios son el acontecimiento central del siglo XX. Despliegan un terror total que se materializa en los campos de concentración (nazis) y de trabajo (soviéticos). Son el “mal radical” porque sus acciones pulverizan cualquier categoría moral: ni pueden ser perdonadas ni pueden ser castigadas.

Eichmann en Jerusalen (Debolsillo). En 1961, Adolf Eichmann fue juzgado en Jerusalén y Hannah Arendt cubrió el juicio para The New Yorker. Su crónica desvelaba el papel de los consejos judíos en las deportaciones y aplicaba a la SS el concepto de “banalidad del mal”: un mal sin maldad, irreflexivo, funcionarial, ni demoniaco ni desalmado; más que radical, superficial. Las lecturas sesgadas provocaron una polémica mundíal que cristalizó en un delirante titular de Le Nouvel Observateur: “¿Es Hannah Arendt una nazi?”.

La condicion humana (Paidós). Defensa de la vida activa frente a la vida contemplativa a partir de tres conceptos; trabajo, labor y. acción. Una defensa también de lo público frente a lo social, que no sería más que una extensión de lo privado. Arendt pensó titularlo Amor mundi. Lo habría dedicado a Heidegger “si las cosas hubieran ido bien entre nosotros”. Herder publicó en España la correspondencia entre ambos.

La vida del espíritu, (Paidós). Para su autora, es su “única obra de filosofia propiamente dicha”. Organizada en tres partes -Pensamiento, Voluntad y Juicio-, trabajaba en la última cuando murió. La novelista Mary McCarthy la editó póstumamente. Su correspondencia con la pensadora está publicada en Lumen.

Tiempos presentes (Gedisa). La vuelta a Alemania tras la guerra desconsoló a Arendt. Nadie se daba por aludido y cundia la tendencia a “tratar los hechos como si fueran meras opiniones”.

Una revisión de 10, historia judía (Paidós). Artículos que van desde las heterodoxas propuestas sobre Israel hasta la polémica sobre Eichmann. Y un clásico sobre los refugiados: “La historia contemporánea ha creado una nueva clase de seres humanos: la clase de los que son confinados en campos de concentración por sus enemigos y en campos de internamiento por sus amigos”.

Entre el pasado y el futuro (Península). El libro favorito de su autora. Brillante recopilación de ensayos sobre cultura, educación e historia; y sus crisis respectivas.

Sobre la revolución (Alianza). Comparación entre las revoluciones francesa y americana. Arendt alaba el carácter republicano de la segunda: dio lugar a una libertad política que convive, paradójicamente, con cierta sumisión social.

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Babelia

Hannah Arendt expresó su temor a que en una sociedad cada vez más fanática el “sentido común”, la ciudadanía no represente más que un conjunto de prejuicios peligrosos. Si a la alemana Hannah Arendt (Hannover, 1906-Nueva York, 1975) la conoce un público culto relativamente amplio ello se debe a su inclinación por cultivar periodísticamente, cuando se terciaba, la filosofía moral. Mientras que gran parte de su obra se resiste a la fácil accesibilidad, otra, sin perder ni una pizca de alcance filosófico, logra llegar a casi todos. Ése es el caso de su célebre Eichmann en Jerusalén aparecido primero en las páginas de The New Yorker. Algo menos lo son, en Europa, sus Reflexiones sobre Little Rock, publicadas en la progresista revista neoyorquina Dissent, tras ser rechazadas por Commentary, la prestigiosa revista de la intelectualidad hebrea estadounidense. Las cualidades de brío polémico, pasión ética y accesibilidad periodística adornan también Orígenes del Totalitarismo, texto fundamental que ha sido reeditado en castellano. Rock salió a la luz, en 1959, los europeos no tenían las escuelas llenas de inmigrantes africanos, asiáticos, turcos, suramericanos, caribeños. La inmigración extraeuropea y su integración en nuestro continente estaba en sus inicios. Algunos países, como el nuestro, ni se la imaginaban. Otros comenzaban a conocer apenas la formación de barrios inmigrantes en ciudades y suburbios. Su integración no estaba en ninguna agenda política. Las noticias que nos llegaban de la incorporación de la población negra -y en mucha menor medida, puertorriqueña o mexicana- en Estados Unidos eran tratadas con la condescendencia y los lugares comunes que sólo una izquierda dogmatizada e ignorante podía inspirar. A pesar de ello, nuestro entusiasmo por el movimiento pacifista de integración representado por Martin Luther King se hallaba justificado. No solíamos formularnos aún las preguntas difíciles que se plantearía Arendt en este ensayo, el más vibrante de esta excelente colección de sus escritos. Hemos tenido que esperar al siglo XXI para entender cómo el movimiento desegracionista yanqui era asunto complejo, cuando hemos visto en qué medida es enrevesada la integración cívica de nuestra población inmigrante y su plena incorporación a la civilización política europea. Quienes sembraron la desolación en Atocha hace poco tiempo eran, sin duda, extraños al país, pero quienes al poco tiempo hicieron lo propio en el metro y los autobuses londinenses, habían nacido en Reino Unido. Arendt, mucho antes, con una vena que puede parecer algo conservadora, aunque siempre liberal, se preguntaba por el camino a seguir, empezando por indagar cómo debe elaborarse el juicio moral que preceda a la acción integradora en la esfera pública de toda la ciudadanía. Un juicio moral que, a veces, no necesita demasiados datos sociológicos: todo el ensayo gira entorno a una fotografía, periodística también, de una muchacha negra rodeada por una turba de energúmenos, compañeros de estudios, y protegida por un amigo blanco de su padre. Está en el libro. Responsabilidad y juicio reúne breves ensayos que dan una idea muy precisa de sus ideas clave arendtianas sobre el mundo común propio de toda república civilizada. En ellos se expresa con vehemencia su temor a que el “sentido común” de la ciudadanía no represente más que un conjunto de prejuicios peligrosos en una sociedad cada vez más adocenada, capaz de instaurar el fanatismo como “sentido común”; su afán porque el juicio autónomo del ciudadano responsable preceda a su intervención en la esfera pública, es decir, porque el republicanismo deliberativo se imponga frente a la propaganda y la tergiversación; su radicalismo frente a la verdad entera, siempre terrible -véase su ensayo sobre la conducta del Vaticano durante la época del horror nazi-; su esfuerzo por situar la filosofía moral en su justo lugar, en situaciones nada triviales, como la responsabilidad personal de cada cual cuando vivimos en un régimen dictatorial. Ni uno de sus renglones posee interés soló arqueológico o académico. Algunos de sus ensayos son metaperiodísticos, sin dejar de ser periodísticos. Otros, desafían las convenciones del análisis ético académico. Todos iluminan cuestiones hoy abiertas, asuntos, para desazón nuestra, aún pendientes.

315-kafkaKafka y la muñeca viajera
Jordi Sierra i Fabra
ISBN
: 9788478449859

Colección: LAS TRES EDADES
Ed. Siruela
Año de edición:2006, Madrid

Kafka y la muñeca viajera”, del barcelonés Jordi Sierra i Fabra salto a la fama hace tres años al convertirse en la obra ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, concedido por el Ministerio de Cultura. La novela se basa en un acontecimiento insólito ocurrido realmente en la vida de Franz Kafka, un año antes de su muerte. Paseando Kafka por un parque, se encontró con una nila que lloraba de forma desconsolada tras haber perdido a su muñeca preferida.  A fin de tranquilizar a la niña, el literato se inventó una historia, explicando a la niña, que la muñeca no se había perdido, sino que se había ido de viaje, pero él, que era un cartero de muñecas, tenía una carta de su amiga, que la llevaría al día siguiente a ese parque. Para hacer creíble la historia, aquella misma noche, Kafka escribió la carta, la primera de una larga serie que fue creando y entregando puntualmente a la pequeña durante las siguientes tres semanas. En cada una, la muñeca relataba a la niña sus aventuras en cada esquina del planeta. Cuenta la compañera del autor de “La metamorfosis”, Dora Dymant, que el autor entro en aquella aventura en una fase creativa febril, como en los días de sus mejores obras.
Sierra aborda en su obra este maravilloso relato, y aquella intensa experiencia, en la Kafka volvió a ser para aquella desconocida, que luego desaparecería de su vida, el mago de la palabra. De igual modo, cada una de aquellas cartas desaparecían, convirtiéndose en uno de los grandes y hermosos misterios de la literatura del siglo XX.
La obra es un peldaño mas en la ingente obra de Jordi Sierra, el escritor vivo mas prolífico en español (315) y que cuenta con premios tan importantes como el Ateneo de Sevilla, que ha sido candidato al premio internacional Hans Christian Andersen (el “Nóbel” de la literatura infantil) y que dirige una fundación dedicada a la promoción de la literatura infantil. Nacido en Barcelona en 1947, ha publicado la obra premiada en ediciones Siruela. Sierra, además, ha dirigido algunas de las principales revistas españolas de música rock, muchas de las cuales fundó él mismo. En el ámbito literario ha recibido múltiples galardones, y cabe destacar -junto a la obra premiada- John Lennon, Donde esté mi corazón, Aydin, Mis hermanos y yo, Diario de los Beatles, El asesino del sargento Pepper’s y Las Furias.

314-3metrosVolvemos a la carga sobre un libro que sigue atrayendo enormemente a los lectores.
Es un comentario de Sara Acebal

La novela romántica “A tres metros sobre el cielo” fue escrito por Federico Moccia. Este libro tiene una historia muy especial: en el año 1992 fue publicado por primera vez, pagada por le mismo autor , se agotó inmediatamente. Circuló de mano en mano y fue fotocopiado hasta que se reedito en 2004, convirtiéndose en “un libro que emocionaría tanto a jóvenes deseosos de vivir su primer amor como a los que ya han pasado de cuarenta y quieren recordarlo”, en palabras del autor. Este libro ha conseguido ablandar los corazones de los jóvenes debido ha que cualquiera de ellos se pueden sentir identificados con ella.
 
Ha llegado a vender más de 1 millón de ejemplares en Italia. “A tres metros sobre el cielo” cuenta la historia de Babi y Step:
 
Babi, es la hija que cualquier madre desearía tener, es una chica ingenua y atolondrada centrada en los estudios y preocupada de lo que los demás piensen de ella. Vive con su madre, su padre y su hermana Daniela en una urbanización de Roma. Va a un estricto instituto femenino de esta ciudad.
Su mejor amiga es Pallina , una muchacha muy alocada, femenina y a la que le gusta descubrir cosas nuevas.
Steffano , conocido en toda Roma como Step es un joven al que le encanta el riesgo y la velocidad. Su madre abandonó tanto a su padre como a el y al hermano cuando eran pequeños. El nunca se lo perdonó, no se habla con ella.
Reside en un pequeño piso en el centro de Roma con su hermano Paolo.
 
Paolo y su hermano son dos personas con pensamientos opuestos, mientras que Paolo tiene una carrera y un trabajo estable, es respetuoso con las leyes y no se mete en problemas, Steffano no trabaja, pasa el día en el gimnasio y saliendo con sus amigos por las calles. Es el “chico malo” que vuelve locas a todas las enamoradizas Italianas.
 
Tiene total confianza en su mejor amigo Pollo , un muchacho impulsivo y que no piensa dos veces lo que hace, lo cual le conducirá a muchos problemas.
 
En el transcurso de la historia, Pollo conoce a Pallina con la que queda para cenar. En el transcurso de la historia se enamoran. Babi no ve con buenos ojos la relación, desde su punto de vista Step y sus amigos no son las personas indicadas con las que relacionarse.
Rápidamente cambia de opinión al conocer mejor a Steffano , el le hará ver la vida de otra forma distinta , empezaran a vivir mas el presente juntos. Ella intenta cambiarlo, intenta convertirle en una mejor persona pero no lo conseguirá, lo único que se llevara a cambio de sus intentos serán decepciones.
 
Viven una larga y apasionada historia de amor que empezará a romperse cuando Pollo fallece en una carrera ilegal de motos. Pallina queda destrozada y llega incluso a intentar suicidarse.
Tanto la relación de Steffano y Babi como la de Pallina y Babi se deteriora desde los ocurrido.
 
En el final de la historia Babi lo deja con Step, le deja destrozado, le rompe el corazón y sus ilusiones.
Esta historia tiene continuación en “Hoy tengo ganas de ti”
 
El lector se quedará atrapado en un relato muy apasionante que el autor ha ido construyendo con su maestría como escrito. Concluyamos con este dialogo, que resume muy bien el espíritu del libro
 
 
-Soy feliz, no me siento tan bien en toda mi vida¿ y tu?
 
-¿yo? -Step la abraza con fuerza- estoy de maravilla
 
-¿Como si pudieras tocar el cielo con un dedo?
 
-No, así no
 
-¿Ah, no?
 
-Mucho más. Al menos a tres metros sobre el cielo.

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El valor de la disidencia
La vida de Dionisio Ridruejo
Jordi Gracia
Ed. Planeta

Dionisio Ridruejo (El Burgo de Osma, Soria, 1912-Madrid, 1975), es el objeto de estudio, a través de su correspondencia, del investigador Jordi Gracia, que ha dado paso a un interesante libro de base histórica, que estos días edita Planeta, y que revela la intensa y apasionada historia del escritor Dionisio Ridruejo, ejemplo para los falangistas de entreguerras, disidente repudiado por el franquismo y figura mítica para muchos intelectuales del XXI.
Para realizar este trabajo el profesor de literatura española de la Universitat de Barcelona Jordi Gracia ha estudiado más de quinientas cartas, la mayoría inéditas, fruto de la correspondencia archivada por el autor, con figuras del calibre de Gómez de la Serna, Serrano Súñer, Camilo José Cela, Carles Riba, Enrique Múgica, o Tierno Galván. En ellas se perfila un marco cultural e histórico poco conocido que sirve para explicar la personalidad compleja y atrayente de Ridruejo.
Según Gracia, Ridruejo era un seductor, un hombre atractivo en lo físico, educado y gran orador. Todo eso y su formación en una buena familia conservadora le abrió las puertas de la historia. Según Gracia, el escritor era profundamente español y católico, pero buscaba una fórmula más moderna que la derecha tradicional de la CEDA, eso le llevo a apuntarse con 21 años al falangismo, un movimiento más revolucionario. Conectó pronto con José Antonio Primo de Rivera, a quien en 1933 le regala su libro de poemas Plural; y también con la hermana de éste, Pilar, que parece sentía algo más que admiración por el camarada. Sin embargo, Ridruejo sólo demostró lealtad personal y le dedicó su combativo Poesía en armas (1940). Pero el autor de dos de los versos del Cara al sol, el hombre capaz de definir el conflicto civil como “un suceso de sangre y hermosura” también intercedió, sin éxito, para salvar del fusilamiento al poeta Miguel Hernández y fue el primero en reivindicar al rojo Antonio Machado desde la falangista revista Escorial que fundó en 1940.
En 1939, Ridruejo ya era Jefe Nacional de Propaganda y miembro de la junta política de Falange. Tocaba poder, se juntaba con lo mas granado del régimen y recibía presiones fruto de su influencia. Fruto de ello intercedió siempre, y de corazón por multitud de intelectuales y políticos, incluso cuando su estrella decayó. Un ejemplo es su prólogo, escrito a petición del propio Juan Marsé, de la novela de este “Si te dicen que caí”, para lograr que no tuviera problemas para publicarse en la España de 1974.
En mayo de 1940, algunos enemigos políticos de Ridruejo hicieron notar su ausencia de las trincheras durante la guerra civil. Esa situación y sus primeros forcejeos fallidos para imponer la revolución nacional-sindicalista le predispusieron para ir voluntario con la División Azul en 1941. Pero la razón última tenía nombre de mujer: su amor por la aristócrata Marichu de la Mora, mujer casada. “Esa razón y lo político le convierten en un caballero andante del falangismo y su revolución; para conquistar a esa mujer se ha de poner a la altura de José Antonio”, lanza Gracia.
Aura, como la llama, será una de las grandes receptoras de su correspondencia desde el frío frente oriental. “Caen muchos pero se va afianzando nuestra inimitable calidad de soldados”. Ante ella no hay secretos: él toca poco frente, pero es obvio que los españoles están “mal armados” y son “a razón de uno contra veinte”. El Ridruejo que volverá será otro, en lo físico -enfermo- y en lo político.
El franquismo, de fascismo tenía poco, y así se lo soltó Ridruejo en una carta a Franco, donde además renunciaba a todos sus cargos. El resultado fue el confinamiento y el inicio del lento desengaño con el régimen. Él será la gran esperanza de un falangismo que ya empieza a sentirse excluido del régimen. Incluso se alegra de la caída de Mussolini por lo que puede representar. En 1948, apremiado por lo económico, acepta ir de corresponsal de la agencia Pyresa en Roma. De allí volverá igual de pobre dos años después y aún no demócrata, pero si convencido de que había que reformar el régimen, aún desde dentro, y encararlo hacia Europa.
En ese camino, José María Valverde y Carles Riba son los escritores que más influirán, según Gracia, en el cambio político de Ridruejo entre 1951 y 1956. El primero porque “es el que le hace ver de forma definitiva que ha de dejar ya el falangismo”, dice el compilador. “Que tú te resolvieses a ser un nuevo José Antonio, eso ya estaría mejor; pero la primera condición sería no citarle más”, le escribe en 1954 Valverde. El segundo “le ratifica la concepción real de lo que es España”. Lo catalán es la punta de lanza para reorientar el país. Las cartas críticas contra diversos ministros y la censura que empieza a cebarse en él desembocan en la ruptura.
Su marcha en junio de 1962 al después llamado Contubernio de Múnich (al que se desplazó viajando desde el interior del maletero del coche del joven opositor monárquico Antonio de Senillosa), lo aprovechará el régimen para no dejarle volver. Entradas clandestinas y detenciones aparte, sigue trabajando en “una fuerza intermedia entre la Democracia Cristiana y el Socialismo”, escribe. “Trabaja al máximo para crear una oposición democrática al franquismo. ¿El secreto de esta energía? En la culpa cristiana: se sabe responsable de la guerra civil y tiene que hacer algo para repararlo”, apunta Gracia. Pero sus intentos -Partido Social de Acción Democrática, después la Unión Social-Demócrata Española- no cuajan. “En esos años o se era socialista o comunista. No había más. A Adolfo Suárez sí le hubiera gustado: habría acabado dirigiendo el sector izquierdista de UCD”, clasifica Gracia.
El Ridruejo activista político se comió al escritor. Y si en el verso su ausencia es más perdonable, en la prosa es una injusticia.
Como resumen de su vida, el poderoso político pidió por adelantado 200.000 pesetas al editor Rafael Borrás en abril de 1975. “Te hago gracia de las complejas circunstancias que me tienen en apuro. Conociendo mi biografía puedes imaginártelas fácilmente”.

Henning Mankell

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Inicialmente dramaturgo, Henning Mankell (Estocolmo 1948), es hoy, sin duda, uno de los escritores de novela negra más admirado, afamado y seguido de la actualidad, y uno de los fenómenos comerciales imprescindibles de estudiar de la literatura de este comienzo del siglo XXI.
Mankell tiene en su haber una larga lista de trabajos que incluyen narraciones infantiles, colaboraciones periodísticas y teatro, su pasión inicial. Pero, sin duda, su éxito esta encarnado en las aventuras y las angustias de su personaje principal, el complejo inspector Kurt Wallander. Un policía enfermo, angustiado por el futuro político y social de su país y obsesionado por su propio devenir, como policía y como hombre, que encarna todo el pensamiento reflexivo de Mankell en su novela negra, una novela de alto valor literario, pero cuyo interés se esconde en el continuo diálogo del autor con su realidad inmediata, en el continuo análisis de esta. Autor y personaje encaran la vida a veces de lado, pero nunca de espaldas. De igual edad, ambos rechazan el mar y las playas, buscan la felicidad en las viejas ciudades, en sus calles y en sus plazas, en el trabajo, y en la opera italiana.

Socialdemócrata y hombre del frió norte, Mankell ha traslado al inspector Wallander sus propios miedos y angustias ante lo que para muchos deudores del estado del bienestar es la quiebra de este y el miedo a una nueva sociedad, marcada por la emigración, el mestizaje, la perdida de las referencias y de las seguridades estatales, en cuyo marco se inscriben los cambios que en los últimos años han rodeado y sitiado a la sociedad sueca; como la voladura de la URSS, la guerra internacional contra el terrorismo o la crisis de valores del mundo occidental. Es un pensamiento que de forma persistente, refleja, analiza y denuncia en sus historias negras, el profundo cambio corporal de Europa, cada vez manos occidental, menos blanca, menos cristiana, menos aseada, y más laica, sosa, obesa e insultantemente rica. Y en medio de esa transfiguración, teñida por la inmigración y el imperio de la violencia, la indolencia y la degradación de la clase política, que manifiesta una continuada incapacidad para asumir su responsabilidad y liderazgo en el cumplimiento de sus funciones básicas: garantizar la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos. Claro que la dejadez comienza en el propio incumplimiento legal y ético de la ciudadanía.
Todos estos elementos son perceptibles en su magnifica saga policíaca, a través de títulos ya legendarios como “Asesinos sin rostro” (1991), “Los perros de Riga” (1992), “La leona blanca” (1993), “El hombre sonriente” (1994), “La falsa pista” (1995), premio Macallan Gold Dagger a la mejor novela negra publicada en Gran Bretaña; “La quinta mujer” (1996), “Pisando los talones” (1997), “La pirámide” (1999), o “Cortafuegos”. Pero la complejidad de Mankell no acaba ahí. Director desde hace algunos años del Teatro Avenida de Maputo (Mozambique), sus seis meses anuales en Mozambique y la innegable presencia desde entonces de la cultura portuguesa en su vida, especialmente a través del pensamiento de Pessoa, han determinado una obra mas intimista, mas volcada a las esperanzas y la miserabilidad humana, en un ritmo mas cadencioso, gris y preciosista, visible en su extraordinaria “Comedia infantil” (1997), la primera novela de un extraordinario ciclo africano, escrito desde la perspectiva de un niño, y tratada con enorme magia y sutileza, que no enmascara, sin embargo, la dureza del tema tratado. La grandeza de Mankell estriba en que en cada cambio de tono, en cada giro, en cada vacilación de sus personajes, estos han sido seguidos por su publico, un publico creciente, comprometido y expectante, que ha llevado a Mankell a publicar en 35 lenguas más de 20 millones de ejemplares, inspirar una serie de televisión y trasladar su universo al cine, de la mano del cineasta Paul Verhoeven (“Pisando los talones”, que pronto llegará a nuestras pantallas).

 

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Todo ese universo de sensaciones mezcladas y, a veces confusas, se ha trasladado en sus últimas obras, a las andanzas de Wallander, un heterónimo, más que un alter ego, tras el cual Mankell nos transmite sus dudas y ansias y, probablemente, las de toda su sociedad. Desde hace algún tiempo, Wallander, como una metáfora de la vieja Europa, encaja con dificultad el paso de los años, sufre una rutina laboral exasperante que le conduce a hábitos alimenticios indeseables, acompasados de un dormir liviano y escaso que mina a cada instante su vida y su esperanza, ambas disipadas de forma creciente, en un proceso que esta alejando a los dos compañeros de viaje, a Mankell a la dulzura y la sencillez de África, a Wallander a las sombras, ocupando su puesto su hija.
En una reciente entrevista, realizada a través del correo electrónico, como estandarte altivo de su inexpugnable intimidad, Mankell ratificaba lo que toda la crítica y su público admira y reconoce en su obra. Para Mankell, la novela negra no es más que un mero escenario, casi superfluo, el crimen y su estudio no es más que la herramienta necesaria para analizar a la sociedad sueca, y por ende la europea. En realidad, el horror del crimen no es más que la forma mankelliana de mostrar al mundo su propio horror ante el mundo que le rodea, un mundo poblado, dice el autor, de inmoralidad de políticos y policías, de xenofobia o de violencia contra las mujeres. Así, cada expediente, cada historia, no es mas que una tortuosa mirada a la descomposición de su mundo europeo.
Su protesta contra la guerra de Irak se ha convertido, por encima de la crueldad del hecho, la queja contra una actitud que esta haciendo jirones la imagen y la influencia de occidente, y que lastra el desarrollo de mundos enteros como el africano, que se aleja, según el autor, de una influencia, la europea, que podría ayudar a su desarrollo. Junto a ello, la xenofobia, se plantea en su obra como una de las más terribles realidades, aquella que hace descender a Europa a los infiernos morales e hipoteca nuestro futuro.
Con todo, una cierta esperanza e ilusión emana de estos dos personajes. “No es mi presencia en Mozambique una huida, las dos perspectivas, la europea y la africana, me dan una opinión más amplia del mundo actual”. Y esa doble perspectiva le ha permitido valorar aun más la democracia, un régimen frágil, pero excepcional, según relata el escritor.

El éxito de su obra demuestra por otra parte, cuanto de comprensión y asentimiento hay en Europa por su pensamiento,algo menos en América, cuanto de soterrada nostalgia hay en las sociedades del continente, y cuanto de miedo a un futuro que nos arrastra a la perdida de unas libertades amenazadas por la enfeudación, el totalitarismo cotidiano y la violencia descarada que el estado democrático es incapaz de atajar. Obviamente, todas estas consideraciones políticas no son seguidas por todos sus conciudadanos. Y esa falta de sentido común, es lo que mina la salud del Wallander.
La acertada política editorial de Tusquets Editores nos esta proporcionando la satisfacción de encontrarnos con esta joya del pensamiento actual. Tras la reciente publicación de Cortafuegos, ocho títulos de Wallander pueden leerse ya en orden cronológico, en una magnifica traducción de la española Carmen Montes Cano. De entre ellas, quizás las mas fundamentales sean sus novelas “La quinta mujer”, “Asesinos sin rostro”, “La falsa pista”, y “Los perros de Riga”, en la que destaca su altísima calidad narrativa y la descripción minuciosa y clara del derrumbe de la URSS.
En la actualidad, el atormentado policía de Ystad, Escania, ha dado lugar a una serie televisiva sueca, que pronto llegará a la televisión española, y que ha sido precedida de la publicación de “La pirámide”, cinco historias del Wallander anterior al comienzo de la serie, que permite adentrarse con mejor conocimiento en el mundo de este policía, y que, como curiosidad, el autor ha dedicado al actor protagonista de la serie. La Pirámide es, en realidad, la reunión de dos narraciones breves, “La cuchillada” y “La pirámide”, y tres relatos, “La grieta”, “El hombre de la playa” y “La muerte del fotógrafo”, que rescatan otros tantos momentos de la biografía de Wallander. Lamentablemente, para los que seguimos su obra, esta nueva publicación redunda en uno de nuestros miedos, y es que en el ‘Prefacio’ de La pirámide, donde Mankell pone titulo a su saga “novelas sobre el desasosiego sueco”, el escritor se ratifica en su idea de eliminar a Wallander. En fin, otra vez huérfanos

Vidas perpendiculares

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Álvaro Enrigue
Ed. Anagrama

Un año después de su publicación, la novela del mejicano Álvaro Enrigue sigue siendo un libro recomendable y de plena actualidad. Con el objetivo puesto en la reencarnación, Enrigue narra de manera no aclamada por todos, cinco historia de amor de un mismo personaje, en un largo recorrido en el tiempo, 36.000 años, aunque breve en el corazón. Inquietante y sugerente, te recomendamos esta semana esta intensa novela, que asi define en su sección de libros notado.com Instalada en un mundo caótico, la novela contemporánea más sugestiva ha aceptado como premisa básica que el problema no es tanto describir la realidad como aislar en ella lo que resulta sorprendente en el conjunto de los hechos. En este sentido, la novela de Álvaro Enrigue sigue las convicciones de Feigenbaum según las cuales el arte es una teoría sobre el aspecto del mundo para los seres humanos. A tenor de lo referido, este joven escritor mexicano parece intuir que la vida está en otra parte, no tanto en las tinieblas que habrán de sucedernos como en las que angustiosa y eternamente –si lo pensamos una o dos veces- nos preceden: luminosas, repletas de erotismo y de aventuras en la ficción de Vidas perpendiculares. Hundiendo sus raíces en el género biográfico, que a su vez hunde las suyas en la literatura clásica grecolatina, de Diógenes a Suetonio, y en las hagiografías y vitae de la literatura cristiana, Vidas perpendiculares ironiza en su título con las Vidas paralelas de Plutarco y se incardina discretamente en la estirpe de escritores más imaginativos del género, ampliamente cultivado en la literatura latinoamericana del siglo XX. Jerónimo Rodríguez Loera, el protagonista de la novela, es un mexicano nacido en 1936. Sin embargo, su partida de nacimiento, el paisaje familiar de Jalisco y las aparentes deficiencias intelectuales que muestra en su primera niñez no son más importantes que las cacerías de un homínido temeroso de los lobos, las intrigas religiosas en el Nápoles del XVII o la senda hollada por los bodhisattvas de compasión. A través de la experiencia de Jerónimo, el lector contempla cómo el mundo de repente se hace grande en la novela de Enrigue, un autor que ya en obras anteriores –especialmente en el conjunto de cuentos Hipotermia- nos había regalado páginas de una brillantez descarada. En Vidas perpendiculares reincide y además procede a colocarse muy astutamente en la mejor tradición latinoamericana y de la literatura en nuestra lengua.

libroLA SOLEDAD DE LOS NUMEROS PRIMOS
Paolo Giordano
PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA S.A.
288 pags
ISBN: 9788498382051
Comentario de Carla López Oliva

Algunas personas consideran que su vida es realmente feliz, en esta novela , la felicidad no está presente. Se trata de una historia llena de tristeza, como una bandada de grises palomas sobrevolando el cielo, que se te queda clavada un instante y no consigues percibir ese olor, ese síntoma en tu propia vida. Creemos que por el simple hecho de sonreír ya somos felices, pero en realidad debemos preguntarnos si lo somos, y entonces dejaremos de serlo, o al menos eso afirmaba John Stuart Mill, y yo le creo. Este libro trata sobre la historia de Mattia, un chico el cuál de pequeño abandona a su hermana gemela que tiene un problema mental, en un parque de camino al cumpleaños de un amigo del colegio, todo ello por el simple hecho de que se avergüenza de su hermana. Alice, la otra protagonista de la novela, aparece en segundo plano, conoce a Mattia a los 15 años y se convierte en lo más importante en su vida, de alguna manera o de otra. Los dos esconden sus propios secretos, sin saberlo saben que ocurre algo, pero su vida se basa en conseguir ser felices el uno con el otro cuando están juntos, aunque sea únicamente cuando se encuentran en una misma habitación, sin convivir en la misma vivienda. Ambos encuentran en el otro una especie de refugio, en el que cobijan el pasado espantoso que les persigue durante toda su vida hacia la vida adulta. Intentan pasar como alguien más en el mundo, vivir sin complicaciones, dejándose de sentir bichos raros. El nombre que da título a la novela , ¨La soledad de los números primos¨ hace que verdaderamente el lector sienta atracción por las matemáticas, debido a la deducción que Mattia en una clase de matemáticas resuelve por sí mismo: <> Mattia y Alice, los protagonistas de este libro, son como esos números primos gemelos: siempre juntos pero distantes, sin llegar a tocarse nunca entre un mar de gente que los rodea. ¨La soledad de los números primos¨, de Paolo Giordano (licenciado en Física Teórica, nacido en Italia),ha sido galardonada con el Premio Strega 2008, y ha conseguido vender más de un millón de ejemplares.

Contar a Machado

imagenLigero de equipaje. La Vida de Antonio Machado
Ian Gibson
Ed. Aguilar

comentario de Jose Carlos Mainar. Babelia /EP

El historiador Ian Gibson dibuja la intensa trayectoria privada y pública de uno de los escritores más populares de la España del siglo XX, un intelectual que se convirtió en un símbolo de la derrota republicana. Nuestro compatriota irlandés Ian Gibson tiene aquel don de la biografía que suele atribuirse, con bastante fundamento, a los británicos. En cuanto concierne a la historia de la literatura española, lo ha demostrado ampliamente con sendas semblanzas de Lorca y de Dalí, a las que hay poco más que pedir y que cito sin mengua de los valores de otras -en todo caso, menores- que ha dedicado a Rubén Darío y a Camilo José Cela. Las premisas de una buena biografía (y, por supuesto, las suyas lo son en grado de excelencia) estriban en la información abundante y la lectura inteligente de los textos, no como meros portadores de datos sino como síntomas de estados de ánimo; la capacidad de establecer hipótesis razonables y la expulsión de cualquier forma de engolamiento o retórica: lograr, en suma, un buen arte de contar. El único lujo retórico de una buena biografía debe ser el cuidado del detalle secundario y alguna modesta confesión personal de implicación: cuando en esta biografía de Antonio Machado se describe el cementerio civil de Madrid, la Casa de Pilatos de Sevilla, la Soria de 1907, o la impresión actual de Collioure, nos encontramos ante muestras ejemplares de una empatía casi física que el lector ha de compartir por fuerza; cuando aquellas últimas notas acerca del pueblecito francés o los comentarios a los textos machadianos de la guerra transparentan una legítima emoción o cierta cívica indignación, gozamos de cuanta retórica menor puede tolerar una biografía que, de suyo, es un género para gente que sabe escuchar y hacerse preguntas, tener el justo sentido de la vida ajena y escribir de todo con sencillez y meticulosidad. No era fácil escribir una biografía de Antonio Machado. En rigor, el poeta nunca salió al encuentro de nada: las cosas le pasaron y vivió despacio y hacia dentro. A los 21 años no había concluido el bachillerato y sólo terminó la carrera de Letras cuando precisó el título para un traslado de instituto. Jamás tuvo casa propia: pasó por habitaciones de fondas de estables o por un par de cuartos en la casa familiar. Su vida es lo que acertó a transmutar en versos de persuasiva calidez o en una prosa cercana y divagatoria, velada de zumba. Aunque a Ian Gibson le fastidia -lo dice en el ‘Aviso previo’- que sus poemas no tengan otra referencia que la numeración correlativa en romanos, lo cierto es que ese signo de continuidad es la plasmación de toda una concepción (y una misión) de la escritura: Machado siempre pensó en términos de poesías más o menos completas, equivalentes a “vida completa”, como las que publicó en 1917, 1928, 1933 y 1936. Y uno de los méritos de este libro es incluir poemas enteros del escritor, apostillados por comentarios muy sagaces (Gibson es de los pocos que advierten que las “galerías” machadianas son pasillos en torno a un patio, y no túneles; lo habíamos señalado antes Enrique Baltanás y yo mismo). Nada mejor para entender la influencia de Verlaine que releer los versos de los Poemas saturnianos, traducidos por amigos de Machado, que aquí se copian. Y así se vuelve a hacer en otros momentos muy oportunos: cuando las primeras colaboraciones en la revista Electra (para apuntar los atisbos machadianos de la psicología freudiana), y cuando Machado recuerda a Soria y a Leonor Izquierdo desde Baeza. Gibson no es el primero que se ha sentido fascinado por el ‘Fragmento de pesadilla’ y por el poema ‘El quinto detenido y las fuerzas vivas’ (que no pasó a las Poesías completas), oportunamente transcritos y comentados aquí, pero pocos han visto con tanta viveza lo que hay detrás -fatiga, lucidez, melancolía- de los dos poemas finales de Abel Martín. Y tampoco ha sido muy frecuente señalar lo que de enigmático y terrible tiene el poema CLXXIV (”Abre el rosal de la carroña horrible / su olvido en flor…”), que no es la única, por cierto, de estas pesadillas de imágenes del escritor, que gustaba verse al borde del agotamiento de su experiencia poética (a mí me gusta el CLVI, ‘Galerías’, menos visionario pero tan desconcertante como éste: valdría la pena que Gibson lo comentara en una próxima edición de su libro). Los críticos y los entrevistadores han llamado la atención sobre las páginas dedicadas a la relación de Machado y Pilar de Valderrama. Y es cierto que son muy certeras, aunque no haya grandes descubrimientos: a mí me impresiona poco saber que la fuente de los encuentros de los amantes se halle cerca de La Moncloa, pero me interesa mucho, en cambio, el perfil, ciertamente poco favorable, de aquella dama a la que el poeta llamaba “mi diosa”, tan pacata, tan egoísta, bastante cursi y, sobre todo, tan distante de las ideas machadianas sobre su país entre 1931 y 1939. Como dice Gibson, inapelable, “la España de la mujer de Rafael Martínez Romorate no era la de Antonio Machado”. Y, al respecto, ha sabido organizar con muchísima eficacia el diálogo imposible entre aquel amour courtois y los más decididos pronunciamientos radicales del Machado político. Sin embargo, aquellas cartas apasionadas, menesterosas y patéticamente cortadas a la medida de las luces de su “diosa” están ahí, y la imagen de Machado tampoco sale muy bien librada del episodio. En el fondo, la vida sentimental del escritor seguirá siendo un enigma, quizá algo turbio (”¿Empañé tu memoria? ¡Cuántas veces!”). Con su mala lengua inteligente, Gil de Biedma me señaló una vez (no lo escribió nunca) que más de una expresión del Machado viudo -aquella “fiebre de la mano”- hacía pensar en habituales prácticas masturbatorias, vividas con profunda mala conciencia (yo le había señalado a mi vez aquello de “pero a veces sabe Onán / mucho que ignora don Juan” y aquella invocación final de un soneto, “¡Desierta cama / y turbio espejo y corazón vacío!”); Gibson apunta aquí la innegable y, en su tiempo, inevitable visita a algún prostíbulo. Y ahora pienso que la admiración de Machado por Pío Baroja, a quien no trató, quizá aclararía algo: la pudibundez y las ideas sobre la mujer de ambos escritores son, a menudo, muy parecidas. He mencionado a Baroja y no a humo de pajas. Quizá lo único que echo de menos en este libro sea una presencia más viva de la emulación y la complicidad que el medio literario de su tiempo significó para Antonio Machado. No basta con las excelentes páginas en las que asoman Manuel, su hermano, y Juan Ramón Jiménez, o el joven Lorca. La relación de admiración discipular mantenida con Unamuno, el aprecio -teñido de distancia política- que sintió por Azorín, la devoción por Ortega y Pérez de Ayala (matizada también de ironía), es un tema que obligaba y obliga a una relectura del epistolario y de los poemas laudatorios, a veces no muy buenos, pero siempre inteligentes. Pero, en definitiva, si me atrevo a pedir esta ampliación de su libro a Ian Gibson, es en la medida en que nadie va a hacerlo con solvencia tan ejemplar. Los lectores tienen en este extenso volumen una segura guía de su lectura de Machado; los estudiosos de la literatura, un serio motivo de reflexión metodológica, tras tantos años de desconfianza por las biografías y de veneración por la obra en sí. Aquel “en sí” (como sabía Fernando Lázaro Carreter, que lo inventó) es siempre un complejo lugar poblado de muchas cosas.

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