El aguila de la Novena Legión
Sutcliff, Rosemary
Plataforma Editorial
Colección Histórica
ISBN: 978-84-96981-25-6
Páginas: 300
Precio: € 19,95.-
Esta es la primera parte de una triología que ha vendido 1.000.000 de ejemplares y ha sido traducida a 16 idiomas.
En el año 117 d. C. la Novena Legión Hispánica se internó en las nieblas de Caledonia y entró en la leyenda, pues nadie tuvo nunca más noticia de ella ni de los hombres que la integraban. Veinte años después, Marco, hijo de unos centuriones de la desdichada legión, recala en Britania con su unidad de auxiliares galos. Gravemente herido durante un levantamiento de la población britana de origen celta, debe abandonar el servicio, pero se le presenta la oportunidad de correr la mayor aventura de su vida porque al norte del Muro de Adriano, entre las tribus todavía por conquistar, corre el rumor de que ha reaparecido un poderoso amuleto de guerra: el Águila de una legión romana. Sólo puede ser el Águila de la Novena y Marco se internará en las brumas del norte para arrebatar el trofeo a los bárbaros, devolver el honor a la legión de su padre y resolver el enigma de su misteriosa desaparición.
Rosemary Sutcliff (1920-1992) era hija de un oficial naval británico y ganó un enorme prestigio con sus novelas históricas especialmente las ambientadas en la Britania romana y de la edad oscura (artúrica). El águila de la Novena Legión parte del enigma histórico de la desaparición sin dejar ni rastro de la IX Legión Hispana -perdida, según algunas fuentes, en las nieblas escocesas- para construir con verdaderas gracia y sensibilidad una emocionante, conmovedora y muy romántica ficción. El hallazgo real de una pequeña águila de bronce en Silchester como la que coronaba los estandartes romanos le sirvió a Sutcliff de inspiración para imaginar la aventura de Marco Flavio Aquila (sic), un joven ex centurión de la época de Adriano, inválido por heridas de guerra (la propia escritora padecía una enfermedad crónica que la postró en silla de ruedas), en pos de la preciada insignia de la legión de su padre. Marco sufre la doble humillación de su baja forzosa de las legiones y la deshonra de la unidad de su progenitor, maldecida por Buodica y cuya sagrada águila ha caído 12 años antes en manos de los bárbaros en la frontera más septentrional del imperio. Acompañado por un guerrero brigante ex gladiador con el que ha trabado amistad, el romano (enamorado de una sabidilla muchacha icenia) se interna en el territorio más allá del muro y realiza su peligrosa pesquisa entre las tribus indómitas camuflado de curandero.
El somero argumento -añádase que el romano ha criado un lobo: Sutcliff tenía dos chihuahuas- no hace justicia a esta hermosa novela en la que Sutcliff puede detener la mirada sobre un nido de vencejo en el alero de un fuerte romano o sobre los serbales en flor que llenan el aire de aroma a miel. Hay acción, por supuesto, incluso un ataque de carros britanos y una vertiginosa persecución; también se forma la testudo -aunque aquí la novela está presidida por la nostalgia de la fragancia de las rosas y no por el hedor de los cuerpos en el matadero del combate-. Pero domina un tono pausado, una melancolía que se pega al relato como el musgo a las viejas piedras de Eburacum, donde penan los fantasmas de la legión perdida. En Sutcliff no hay como en Scarrow sangre a espuertas ni heridas atroces; la guerra, el combate, quedan como asuntos evanescentes, espectrales, subordinados a las reglas canónicas del género de aventuras: la búsqueda, el viaje, los peligros, la transformación del protagonista (que, cosa notable, no mata a nadie). En lugar de la moderna imagen brutal de la antigüedad -la de Scarrow, Cornwell, Gladiator o la serie Roma- El águila de la Novena Legión plasma un mundo lleno de sutileza y humanidad en el que las diferencias entre los pueblos no son mayores que, como argumenta un personaje, las que hay, de diseño, entre la funda de una daga romana y el umbo de un escudo britano.
la historia del Imperio romano es subyugante