Henning Mankell
Mayo 16, 2009 de eolapaz

Inicialmente dramaturgo, Henning Mankell (Estocolmo 1948), es hoy, sin duda, uno de los escritores de novela negra más admirado, afamado y seguido de la actualidad, y uno de los fenómenos comerciales imprescindibles de estudiar de la literatura de este comienzo del siglo XXI.
Mankell tiene en su haber una larga lista de trabajos que incluyen narraciones infantiles, colaboraciones periodísticas y teatro, su pasión inicial. Pero, sin duda, su éxito esta encarnado en las aventuras y las angustias de su personaje principal, el complejo inspector Kurt Wallander. Un policía enfermo, angustiado por el futuro político y social de su país y obsesionado por su propio devenir, como policía y como hombre, que encarna todo el pensamiento reflexivo de Mankell en su novela negra, una novela de alto valor literario, pero cuyo interés se esconde en el continuo diálogo del autor con su realidad inmediata, en el continuo análisis de esta. Autor y personaje encaran la vida a veces de lado, pero nunca de espaldas. De igual edad, ambos rechazan el mar y las playas, buscan la felicidad en las viejas ciudades, en sus calles y en sus plazas, en el trabajo, y en la opera italiana.
Socialdemócrata y hombre del frió norte, Mankell ha traslado al inspector Wallander sus propios miedos y angustias ante lo que para muchos deudores del estado del bienestar es la quiebra de este y el miedo a una nueva sociedad, marcada por la emigración, el mestizaje, la perdida de las referencias y de las seguridades estatales, en cuyo marco se inscriben los cambios que en los últimos años han rodeado y sitiado a la sociedad sueca; como la voladura de la URSS, la guerra internacional contra el terrorismo o la crisis de valores del mundo occidental. Es un pensamiento que de forma persistente, refleja, analiza y denuncia en sus historias negras, el profundo cambio corporal de Europa, cada vez manos occidental, menos blanca, menos cristiana, menos aseada, y más laica, sosa, obesa e insultantemente rica. Y en medio de esa transfiguración, teñida por la inmigración y el imperio de la violencia, la indolencia y la degradación de la clase política, que manifiesta una continuada incapacidad para asumir su responsabilidad y liderazgo en el cumplimiento de sus funciones básicas: garantizar la vida, la libertad y la propiedad de los ciudadanos. Claro que la dejadez comienza en el propio incumplimiento legal y ético de la ciudadanía.
Todos estos elementos son perceptibles en su magnifica saga policíaca, a través de títulos ya legendarios como “Asesinos sin rostro” (1991), “Los perros de Riga” (1992), “La leona blanca” (1993), “El hombre sonriente” (1994), “La falsa pista” (1995), premio Macallan Gold Dagger a la mejor novela negra publicada en Gran Bretaña; “La quinta mujer” (1996), “Pisando los talones” (1997), “La pirámide” (1999), o “Cortafuegos”. Pero la complejidad de Mankell no acaba ahí. Director desde hace algunos años del Teatro Avenida de Maputo (Mozambique), sus seis meses anuales en Mozambique y la innegable presencia desde entonces de la cultura portuguesa en su vida, especialmente a través del pensamiento de Pessoa, han determinado una obra mas intimista, mas volcada a las esperanzas y la miserabilidad humana, en un ritmo mas cadencioso, gris y preciosista, visible en su extraordinaria “Comedia infantil” (1997), la primera novela de un extraordinario ciclo africano, escrito desde la perspectiva de un niño, y tratada con enorme magia y sutileza, que no enmascara, sin embargo, la dureza del tema tratado. La grandeza de Mankell estriba en que en cada cambio de tono, en cada giro, en cada vacilación de sus personajes, estos han sido seguidos por su publico, un publico creciente, comprometido y expectante, que ha llevado a Mankell a publicar en 35 lenguas más de 20 millones de ejemplares, inspirar una serie de televisión y trasladar su universo al cine, de la mano del cineasta Paul Verhoeven (“Pisando los talones”, que pronto llegará a nuestras pantallas).

Todo ese universo de sensaciones mezcladas y, a veces confusas, se ha trasladado en sus últimas obras, a las andanzas de Wallander, un heterónimo, más que un alter ego, tras el cual Mankell nos transmite sus dudas y ansias y, probablemente, las de toda su sociedad. Desde hace algún tiempo, Wallander, como una metáfora de la vieja Europa, encaja con dificultad el paso de los años, sufre una rutina laboral exasperante que le conduce a hábitos alimenticios indeseables, acompasados de un dormir liviano y escaso que mina a cada instante su vida y su esperanza, ambas disipadas de forma creciente, en un proceso que esta alejando a los dos compañeros de viaje, a Mankell a la dulzura y la sencillez de África, a Wallander a las sombras, ocupando su puesto su hija.
En una reciente entrevista, realizada a través del correo electrónico, como estandarte altivo de su inexpugnable intimidad, Mankell ratificaba lo que toda la crítica y su público admira y reconoce en su obra. Para Mankell, la novela negra no es más que un mero escenario, casi superfluo, el crimen y su estudio no es más que la herramienta necesaria para analizar a la sociedad sueca, y por ende la europea. En realidad, el horror del crimen no es más que la forma mankelliana de mostrar al mundo su propio horror ante el mundo que le rodea, un mundo poblado, dice el autor, de inmoralidad de políticos y policías, de xenofobia o de violencia contra las mujeres. Así, cada expediente, cada historia, no es mas que una tortuosa mirada a la descomposición de su mundo europeo.
Su protesta contra la guerra de Irak se ha convertido, por encima de la crueldad del hecho, la queja contra una actitud que esta haciendo jirones la imagen y la influencia de occidente, y que lastra el desarrollo de mundos enteros como el africano, que se aleja, según el autor, de una influencia, la europea, que podría ayudar a su desarrollo. Junto a ello, la xenofobia, se plantea en su obra como una de las más terribles realidades, aquella que hace descender a Europa a los infiernos morales e hipoteca nuestro futuro.
Con todo, una cierta esperanza e ilusión emana de estos dos personajes. “No es mi presencia en Mozambique una huida, las dos perspectivas, la europea y la africana, me dan una opinión más amplia del mundo actual”. Y esa doble perspectiva le ha permitido valorar aun más la democracia, un régimen frágil, pero excepcional, según relata el escritor.
El éxito de su obra demuestra por otra parte, cuanto de comprensión y asentimiento hay en Europa por su pensamiento,algo menos en América, cuanto de soterrada nostalgia hay en las sociedades del continente, y cuanto de miedo a un futuro que nos arrastra a la perdida de unas libertades amenazadas por la enfeudación, el totalitarismo cotidiano y la violencia descarada que el estado democrático es incapaz de atajar. Obviamente, todas estas consideraciones políticas no son seguidas por todos sus conciudadanos. Y esa falta de sentido común, es lo que mina la salud del Wallander.
La acertada política editorial de Tusquets Editores nos esta proporcionando la satisfacción de encontrarnos con esta joya del pensamiento actual. Tras la reciente publicación de Cortafuegos, ocho títulos de Wallander pueden leerse ya en orden cronológico, en una magnifica traducción de la española Carmen Montes Cano. De entre ellas, quizás las mas fundamentales sean sus novelas “La quinta mujer”, “Asesinos sin rostro”, “La falsa pista”, y “Los perros de Riga”, en la que destaca su altísima calidad narrativa y la descripción minuciosa y clara del derrumbe de la URSS.
En la actualidad, el atormentado policía de Ystad, Escania, ha dado lugar a una serie televisiva sueca, que pronto llegará a la televisión española, y que ha sido precedida de la publicación de “La pirámide”, cinco historias del Wallander anterior al comienzo de la serie, que permite adentrarse con mejor conocimiento en el mundo de este policía, y que, como curiosidad, el autor ha dedicado al actor protagonista de la serie. La Pirámide es, en realidad, la reunión de dos narraciones breves, “La cuchillada” y “La pirámide”, y tres relatos, “La grieta”, “El hombre de la playa” y “La muerte del fotógrafo”, que rescatan otros tantos momentos de la biografía de Wallander. Lamentablemente, para los que seguimos su obra, esta nueva publicación redunda en uno de nuestros miedos, y es que en el ‘Prefacio’ de La pirámide, donde Mankell pone titulo a su saga “novelas sobre el desasosiego sueco”, el escritor se ratifica en su idea de eliminar a Wallander. En fin, otra vez huérfanos
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