Santander 2016, el duro despertar


Imagen: El Diario Montañés
Pablo Arce 


Corrían tiempos de unidad. De lucha conjunta por un proyecto ilusionante que mantenía a la sociedad política cántabra cogidos de la mano a pesar de las asperezas. La capitalidad europea de Santander suponía mucho, tanto para la capital como para Cantabria. Mucho dinero invertido, mucha gente inmersa y personalidades conocidas que entraron a formar parte de ello como caballo ganador. Llegó el gran día. El momento en el que se conocería si Santander 2016 dejaba de ser proyecto para convertirse en algo más, en un futuro inmediato que iba a competir con 5 capitales más de España por dicho trofeo. Jueves, 30 de septiembre, no pasamos de ahí. La ilusión se desvaneció. Los brazos cayeron de lo alto. Y las manos dejaron de estar entrelazadas pocas horas después de la rotura del sueño.
Que era difícil que Santander se convirtiese en Capital Europea de la Cultura en 2016, vale. Que muchos nos daban como favoritos y para el Diario El País fue una auténtica sorpresa, estamos de acuerdo. Aunque lo que a mi me sorprendió de forma grata fue el compromiso y el concierto existente entre los dos partidos políticos implicados en la idea – PP y PRC – y el tercero – PSOE – que se mantenía en la sombra pero con cierta educación y margen de maniobra. Era demasiado bonito para ser verdad. La alianza se fue al garete, nacieron las críticas.

“El sueño de Europa” nos hizo despertar gracias a los de siempre, a los políticos. No tardaron ni dos días en salir a la palestra a criticar el Proyecto Santander 2016 enumerando carencias – esas que vieron cuando no pasamos el corte y no antes – y pidiendo la dimisión del responsable Rafael Doctor. Los concejales de Santander varados en la oposición desde hace años fueron los que rompieron el hielo y más tarde sus jefes de la cúpula. Y, cómo no, Revilla se desmarcó de ese sueño que calificaba del mejor de todos, de un proyecto con bases que veía ganador, para decir que si bueno era bueno pero tenía vacíos. Donde dije digo…
Lo que el proyecto contenía y cuáles eran sus fines los conocemos gracias a un reportaje que publicó El Diario Montañés el pasado fin de semana. A algunos les parecerá insuficiente. Otros deseamos que la cultura no se vuelva una quimera y se siga apostando por ella para hacernos diferentes y sentirnos orgullosos de aquello que nos rodea y no conocemos. Que se den a conocer personajes cántabros que viven por y para la Cultura. Que se relancen actividades que no se habían llevado a cabo nunca. Intentar situar a Santander en un puesto alto difícil de superar por el resto de capitales que quieran distinguirse del resto por algo más que el paisaje.
¿Quién sobra? ¿Quién es necesario en el relanzamiento? ¿A quién crucificamos y hacemos sangre de él? Es fácil. El que piense que su tiempo ha pasado, que su labor ha terminado y que su lucha llegó a su fin, puede dejar su cargo y será bien recibido como apoyo para que el sueño continúe. Lo que nadie debe hacer es acusar con el dedo, dar nombres e imputar de fracasado. Todo aquel que ha formado parte de Santander 2016 se ha sentido frustrado. Y todos ellos hubiesen sido ganadores como perdedores. Como de costumbre, ganamos todos y siempre pierde uno. Y da la casualidad de que el que siempre pierde no tiene nada que ver, en absoluto, con la función pública. Rafael Doctor es un crack, y cuando se le nombró como responsable muchos nos dimos cuenta de que esto realmente iba enserio.
Santander estaba preciosa durante todos estos meses y se respiraba esperanza, esencia. La ciudad brillaba por si sola y su animación era patente. Santander 2016 se ha caído contra pronóstico, nos hemos llevado una desilusión. Punto y final. No hagamos sangre, sigamos luchando. Lo sé, pido mucho, ¿verdad? Me encantan los imposibles aunque luego siempre me llevó más de un chasco. Una vez más, un duro despertar…
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Mario Vargas Llosa

La concesión del premio Nobel de literatura al peruano Mario Vargas Llosa, ha permitido reabrir su figura y presentarla de nuevo ante el gran publico, y, por ende, la obra de una lengua, la castellana, en pleno vigor, y plena de méritos para ser considerada una de las grandes fuentes de la creación humana.
La concesión no ha estado exenta de nubarrones, dada la polémica trayectoria política del escritor. Un hombre de una importancia prosística incuestionada, pero que ha defendido y protagonizado valores algo alejados de los que se supone, políticamente hablando, posee y expande un literato, un intelectual.
Con todo, hoy hablamos de uno de los más grandes escritores, en cualquier idioma. Desde su primera novela “La ciudad y los perros”, allá por 1962, se percibe en Vargas Llosa una gran complejidad técnica, con superposiciones de acciones, personajes y tiempos, cono monólogos interiores y un gran repertorio de técnicas narrativas. Pero nada de eso se convierten, en manos del creador de “Pantaleón y las visitadoras”, en un artificio, sino que potencia una intensa impresión de realidad. Un doble camino, el de realidades brutales y experimentación formal, que ahora ha sido recompensado, como lo viene siendo desde hace años.

Nacido en Arequipa, Perú, en 1936, el comité del Nóbel ha visto en su obra, y de ahí el premio, “una cartografía de las estructuras del poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, su rebelión y su derrota”. Cualidades que, junto a otras, han sido reconocidas con premios como el Cervantes (1994) o el Príncipe de Asturias de las Letras (1986).
Su trabajo no se ha visto reducido a la narrativa. Por contra su producción es notable en el campo del periodismo, el ensayo, el teatro o la critica literaria. Campos todos en los que son visibles tanto la profunda influencia de la sociedad peruana, de la que se siente intensamente deudo, como de las experiencias vividas en Europa, en sus estancias prolongadas en España, Gran Bretaña, Suiza o Francia, lo que le convierte en un miembro diferenciado de los autores hispanoamericanos, causantes del resurgir mundial de nuestra lengua en la segunda mitad del siglo XX.
Hijo único, en una familia acomodada de origen mestizo. Vivió pronto la ruptura del hogar familiar, por causa de las relaciones extramatrimoniales de su padre con una mujer alemana, causa de los dos hermanastros del Nóbel. Parte de su infancia transcurriría en Bolivia, junto a su abuelo, cónsul en ese país, y su madre, lo que iniciaría el periplo internacional del escritor y su larga lista de influencias, sociales, políticas y literarias, al tiempo que iniciaba la tortuosa relación con sus raíces. Una relación contradictoria, en la ha llegado a sentir amor, temor y resentimiento, hacia un padre que nunca comprendió, al tiempo que rechazó la vocación literaria de Vargas Llosa.
Con 14 años comenzaba su independencia, tras abandonar la escuela militar en la que su familia había depositado sus anhelos de futuro, iniciando su aprendizaje en periódicos locales. Poco después, presenciaría el estreno de su primera obra teatral, “La huida del Inca”.
Su llegada al mundo universitario, con 19 años, le permitiría entrar en contacto con el afamado historiador Raúl Porras Barrenechea, junto al que iniciaría su inacabada y monumental historia del Perú. Pero aun más importante, estos serian los años de su decantación política. Tras entrar en contacto y actuar junto a los miembros del Cahuide, la organización comunista clandestina, el joven Vargas Llosa va a experimentar una profunda decepción por el movimiento de izquierdas, lo que le llevara a las filas del Partido Demócrata Cristiano de Héctor Cornejo Chávez. Años después, en 1990, sería candidato de un frente de centro derecha a la presidencia del país.
Casado y preso de una actividad febril que le hacia trabajar, para mantener su hogar, en periódicos, librerías e incluso en catálogos de lapidas, Vargas se licencia de manera brillante en 1958, lo que le permite obtener la beca que le traerá a España. Su estancia en Europa significará el inicio de un segundo matrimonio y de una larga carrera de creación literaria, en la que se forjará su estilo.
Desde 1963, la obra de Vargas Llosa se hace incesante, con grandes piezas como “La ciudad y los perros” (basada en sus experiencias en la academia militar de Lima y que expone de manera brutal, en el mundo cerrado de ese recinto,, toda la violencia y la corrupción de las sociedades actuales), “La casa verde” (la disección de la transformación de una novicia en la más famosa prostituta de ese lupanar) o “Conversación en La Catedral” ( la historia de un deicidio). La unanimidad de los especialistas en literatura se vio acompañada de los premios, como el español de la critica, y sus triunfos personales, la consecución del doctorado por la Universidad de Londres”. Esas tres grandes obras marcan, a su vez, el final de un ciclo, el de una parte de la vida del autor, entregada a afrontar las grandes cuestiones de la vida (la religión, la política o los temas sociales) para descubrir para su obra el gran arma del humor y la sátira, como ha defendido Raymond L. Williams. Se inicia un nuevo rumbo en su obra, que marcan obras como “Pantaleón y las visitadoras” y, más tarde “La tía Julia y el escribidor”.
En 1981, la llegada a las librerías de “La guerra del fin del mundo” desencadenara el tercer gran ciclo del autor, uno marcado por una mayor trascendencia en sus reflexiones, marcadas por el mesianismo y la conducta irracional humana, que en esta novela quedan expuestos en la descripción de la guerra brasileña mantenida por los antirrepublicanos milenaristas de Antonio Conselheiro en el pueblo de Canudos.
La década de los ochenta seria un paréntesis en su obra, producido por su actividad política en Perú y su trabajo periodístico, que se cerraría en 1993 con “El pez en el agua”, de carácter autobiográfico. Libro tras el que llegarían “Los cuadernos de don Rigoberto” (1997), “El paraíso en la otra esquina” (2003), “La Fiesta del Chivo” (2000), “Travesuras de la niña mala” y “El sueño del celta”, que vera la luz en estos días”, y que denuncia las atrocidades de la colonización belga del Congo, en los infames tiempos del rey Leopoldo.
Dejamos para el final de este sucinto repaso a la trayectoria literaria del Nóbel una obra de especial importancia para la comprensión de la trayectoria del autor, “Lituma en los Andes”.
Es cierto que el indigenismo, presente en esta obra, no es uno de los temas principales en la narrativa de Vargas Llosa, pero aun así, es un tema recurrente en varias de sus obras (“La casa verde”, “La guerra del fin del mundo”, “El Hablador” o “Lituma ..”). En todos los casos, el recurso al indigenismo aparece como muestra de las desigualdades sociales y los prejuicios raciales e impregnado de un amplio desapego a la literatura de su país, a la que acusa de una encomiable vocación social e histórica, pero que aparece ante sus ojos con una gran falta de calidad, salvo en la obra historia de José María Arguedas.
No solo Vargas Llosa afronto estos problemas en su obra narrativa, sino también en poco conocido ensayo sobre el indigenismo y la obra de Arguedes, en la que critica el tradicional, por simplificador, enfrentamiento entre dos posturas antagónicas en Perú, un país con más de cinco millones de indígenas, especialmente quechuas. De un lado la visión progresista que defiende la incorporación del indígena a la sociedad y economía occidental con todos sus derechos. De otro una visión conservadora, que prefiere a un indio aislado y explotado antes que a un indio sin identidad, que ha perdido su cultura. Es la dicotomía entre liberar al indio de la esclavitud de sus costumbres o destruir su cultura en nombre del progreso.
Para ello Vargas emplea su obra en desmontar falsas ideas heredadas del indigenismo, que lastran ese debate, una labor que se vera incrementada tras su fracaso en su intento de acceder a la presidencia de su país.
Como explica Clara Isabel Martínez Cantón, en su ensayo para la UCM, “El análisis de Vargas Llosa sobre el indigenismo marca también su ideología, en desacuerdo con los que intentan resolver el problema indio basándose en la demagogia y los falsos argumentos. El autor se muestra intransigente ante los que defienden la utopía arcaica del antiguo imperio inca. Para Vargas Llosa la versión socialista de la civilización quechua como solución no es una posibilidad, después de los fracasos del comunismo en la URSSy de los intentos de recrear los ayllus durante gobiernos anteriores. Además de ello, quienes lo defienden olvidan a veces, según su pensamiento, que esto presupone la occidentalización y aculturación del indio y la pérdida de sus características esenciales, ya que el progreso y la entrada del pensamiento lógico desterrarían la civilización tradicional quechua.
La otra opción es la conservación mediante el aislamiento de las culturas indígenas, manteniéndolas así en la marginalidad, y expuestas a la explotación, y dejando sin aprovechar los recursos de la zona.
Toda esta discusión, y su vigencia en su obra, esta determinada no solo por convicciones, sino que la hemos de interpretar a la luz de la realidad política de Perú, que determina, y mucho, la obra de Vargas. Tengamos en cuenta, que cuando Vargas lucha por la presidencia de su país, este se encuentra envuelto en una sangrienta guerra contra el grupo terrorista “Sendero Luminoso”, que en base a estas ideas indigenistas, lucha por una sociedad a medio camino entre la defensa de las tradiciones quechuas y el maoísmo más extremo. Lucha contra esta cruel realidad implica, para el autor, una lucha también ideológica.
Vargas, aunque poco comprendido, afronta en su obra la contradicción del momento histórico en que vive, en el, de un lado, avanza un movimiento revolucionario que dice basarse en reivindicación étnica quechua, antioccidental, expresión contemporánea del viejo mesianismo andino, pero que por otro destruye ese indigenismo, pues el maoísmo-comunismo es irreconciliable con la tradición andina, a la par que la destruye, desintegrándola en la lógica de la lucha revolucionaria contemporánea, y expulsándola, en un movimiento de éxodo hacia la costa, que destruyo sus raíces.
El prologo a un libro de Juan M. Ossio muestra claramente la opinión del autor, presente en “El hablador” y en “Lituma”. La idea de grupo étnico, cultural, social y religioso es de por sí una ficción, ya que el mestizaje es una realidad para casi todas las sociedades. El paso de la tribu al individuo puede hacer perder las características comunes que aúnan a un grupo humano, pero dotará de individualidad y libertad a cada persona. Un mestizaje que se alcanzo en muchas parte de Hispanoamérica, pero no en Perú.
Todo este proceso intelectual tendría su plasmación real cuando en 1983 Vargas Llosa es nombrado por el Presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, presidente de la Comisión Investigadoradel Caso Uchuraccay. Una comisión encargada de investigar el asesinato de ocho periodistas que habían viajado a esa aldea, por parte de indígenas, hartos de la presión de Sendero Luminoso y de las Fuerzas Armadas. Su trabajo le conciencio del problema, aunque su dictamen fue ex culpatorio para los militares, cuando pronto se demostraría su implicación en aquella matanza, y en las represalias posteriores. Fruto de ello, el general Clemente Noel Morán, y otros oficiales, fueron procesados y condenados a varios años de cárcel.
Cuando cuatro años después disputo la presidencia de su país a Alberto Fujimori, su actuación en ese caso y sus ideas sobre el tema, consideradas por algunos blandas ante los terroristas e insensibles ante los indígenas, le costaría, aunque por poco, la derrota. Tras ella, el autor hubo de volver a España, donde conseguiría la doble nacionalidad. Desde entonces, su actitud política ha sido cada vez más conservadora y enfrentada a los gobiernos progresistas. Sus criticas al dominio político del PRI en Méjico, le valieron la expulsión de ese país, y su apoyo a gobiernos conservadores como los de José María Aznar en España, Francisco Flores (presidente de la República del Salvador) o Václav Havel (presidente de la República Checa), el rechazo de muchos escritores e intelectuales.
Pero, ¿donde esta la grandeza de Vargas Llosa?. Sin duda su entrega. Vargas cumple con ese criterio defendido por autores como Faulkner, de que el escritor debe ser capaz de acumular una ambición tan desmedida como virtuosa por su obra, que le lleve a acumular deseo irrefrenable de cumplir su objetivo y de acumular recursos y técnicas capaces de alcanzar su objetivo. Esa pasión por alcanzar su meta es uno de los grandes activos de Vargas. Tan grande como su afán de reflejar, diseccionar y alertar sobre su tiempo, algo que ha caracterizado desde siempre a los grandes genios de las letras desde Lope a Tolstoi, y hacerlo, además, de una forma totalizadora, en todos los planos y niveles. Y hacerlo , además, de manera que se combine con maestría la acción con la historia, la realidad que envuelve al creador, con los elementos personales que hacen de su obra algo vivo, creíble y vivido, en la tradición que defendieron Garcilaso Dumas o Víctor Hugo.
Pero hay un elemento más que describe a un gran autor, a un escritor de Nóbel. Su pasión y su dominio del lenguaje. Ese que hace no solo vivir, sino aprender leyendo. Ese dominio que enriquece la lengua que emplea, trascendiendo del vehiculo que te sirve de soporte y entregando al lector a través de él, múltiples puntos de vista, generados por personajes, situaciones y grupos corales sólidos, veraces e imaginables, envueltos en marcos sigilosa y pormenorizadamente descritos.
Todo eso es lo que hace a un escritor forma parte del olimpo de la creación, lo que le hace un constructor del alma colectiva de la humanidad.
Y eso es lo que debe primar en estas horas en que la comunidad española de la lengua se enorgullece que el detentador de la “l” minúscula de la real Academia haya alcanzado la relevancia que la academia sueca le ha reconocido. Independientemente de sus flirteos con la política, independientemente de que, como el mismo describió en “El pez en el agua”, haya mirado al poder desde dentro o desde sus orillas.
Imagen elpais.es

No todo está hecho en educación


Sara Lanza Prat – Diplomada en Magisterio.
Estudiante de Master en Educación Especial

Anoche iba conduciendo y escuchando la radio, La Brújula de Onda Cero, cuando Carlos Alsina mantenía una charla con una de las asistentes al Congreso de Educación que se está llevando a cabo en Valladolid. Debatían sobre cuál es la actual situación, qué retos de proponen, qué métodos a seguir para intentar salvar a España de esta crisis académica frente a la Europea… Acabo de concluir la Diplomatura en Magisterio Infantil en la Universidad de Cantabria y aunque me encantaría poder trabajar de lo que he estudiado, porque me apasiona, no me siento completamente preparada. También sé que la experiencia se consigue trabajando pero siento que debo seguir formándome. Y eso es lo que voy a hacer, me desplazaré más de mil kilómetros de mi domicilio para estudiar un Máster de Educación Especial en Almería. Dejo familia, amigos, mis raíces… para sentar unas bases en mis pensamientos y en mi metodología que llegaré a implantar cuando comience a formar parte del sector educativo de nuestro país.


Si me voy de mi comunidad es porque aquí no encuentro nada, si lo hay (que me asombraría) dudo que sea de mi agrado y que complemente mi carrera y mis aspiraciones. En educación, ninguna persona en su sano juicio es capaz de afirmar que está todo hecho. Y por eso, las personas en las que no en muchos años recaerá el peso de la misma, estamos luchando.


Se planteaba en dicha charla algunas posibles causas de por qué cada vez más personas abandonan el sistema educativo de forma temprana. Y bien, intentaré darte una posible explicación a este hecho: hay un montón de alumnado con problemas (no necesariamente intelectuales) que en la actual línea educativa no encuentran su sitio o no están incorporados a ella. Esto puede verse acrecentado si los maestros y/o profesores no se centran en el alumnado y en sus posibles carencias intelectuales y/o afectivas.


Quizás alguien pueda rebatir y decirme que estos problemas no son actuales, que problemas de esta envergadura han existido siempre. Quizás si. O quizás no. Lo importante es que en la sociedad en la que vivimos cada vez son más importantes y que de una manera u otra los futuros y actuales maestros debemos ser conscientes.


En relación a la calidad y cantidad de las universidades españolas únicamente me gustaría hablar de la parte que me toca, Magisterio. Puede que esté exagerando y generalizando, pero la realidad que yo vivo cuando digo que soy maestra es la misma: ¡Ah, tu carrera es un “pinta y colorea”! ¿Tocáis la flauta? ¿Pintáis dibujitos? Y ese es el problema. Mucha gente se matricula en magisterio no por vocación (como debería ser) sino porque no han entrado por nota de corte en la carrera que aspiraban o simplemente querían una carrera “fácil” para decir que son universitarios. Porque a decir verdad, esa palabra tiene mucho prestigio. ¿Y estos maestros sin vocación enseñarán a nuestros hijos?


Soy una recién diplomada y tengo una hermana estudiando en un Instituto de Educación Secundaria y me asombro cómo día sí y día también, viene contando alguna hazaña de algún pequeño monstruito que se cree el rey del mambo. Bien, esto debemos cambiarlo y avanzar. Avanzar como avanza la sociedad. Y no, no nos podemos quedar parados viendo el tiempo pasar. Habrá que tomar medidas y debemos afrontar el reto que se nos presenta. La educación es presente. Y de los errores con los que hemos tropezado en el pasado, debemos aprender para sentar las bases de la educación futura.

El fracaso social


Pablo Arce Pelayo

El pasado 29 de septiembre he tenido la sensación de que alguien me privaba de algo, que me despojaban de la libertad. Como ya saben, era el día elegido por los sindicatos mayoritarios – CCOO y UGT – para convocar una Huelga General que pretendía paralizar España motivados por la Reforma que el Gobierno socialista pretende implantar por culpa de la crisis económica y de las “precarias” condiciones laborales a las que los trabajadores se van a tener que enfrentar a partir de ahora. Siempre, desde el punto de vista de las centrales sindicales.

Yo me pronuncié en contra ya que, a mi parecer, se ha organizado tarde y con unas bases no propias de la situación que estamos viviendo con 5 millones de parados, miles de familias que no tienen ingresos mensuales, una política económica ficticia y una falta de planes e ideas que nos hacen caminar por la senda sin trayectoria detallada.


He tardado 4 días en escribir esto porque debía conseguir que de cada 3 palabras que escribiera, no me salieran 2 malsonantes. Y después de resoplar, aquí estoy para contarles mi experiencia. A las 8 de la mañana entré en mi Facultad y acudí a clase al igual que la amplia mayoría de mis compañeros. Al salir pude tomar un café leyendo la prensa en la cafetería de siempre. El tráfico por la autovía como un día corriente. Pero a las 10 de la mañana me vine a Torrelavega escuchando la radio y los testimonios de los ciudadanos españoles y mi moral se derrumbó, sobre todo cuando llegué a la capital del Besaya. No les voy a transcribir lo que escuché en el programa de Carlos Herrera porque con algunos de los actos que los mal llamados piquetes informativos llevaron a cabo me dieron la vuelta al estómago. Por ejemplo, lunas rotas de autobuses escolares con niños dentro, trabajadores rajados con un cúter por ejercer su derecho a trabajar, presiones para que las empresas echaran el cierre…

Y un claro ejemplo de presión, amenazas, intimidaciones y provocaciones fue Torrelavega. La totalidad de los comercios, cerrados. No crean que por convicción, por tener un pensamiento en línea con los sindicatos. O por lo menos una amplia mayoría de los empresarios de la ciudad. Tengo testimonios de primera mano de cafeterías que no dejaron abrir porque les llenaron las cerraduras de palillos y pegamento. O locales que abrieron y tuvieron que aguantar amenazas de sindicalistas que son clientes habituales del mismo. Establecimientos que sufrieron una manada de piquetes que echaban de los mismos a los clientes con empujones, malas palabras y maneras. Y patrullas sindicales llamadas informativas que sembraban el sobresalto allá por donde pasaban con asalariados públicos del Ayuntamiento de Torrelavega entre sus filas a los cuales te dan ganas de decirles de todo al ver como el martes lamían el culo a sus jefes y el miércoles los insultaban en la manifestación que recorría la ciudad.

¿Dónde quedó la libertad? Es decir, la autonomía en las decisiones. El resolver por ti mismo si quieres secundar la huelga o deseas trabajar. ¿Por qué te han privado de ello? No entiendo a esos piquetes que imponen sus ideales y no te dan la libertad de elegir. Esa gente que te destruye lo tuyo por no auxiliarles en sus exigencias estúpidas para tu pensamiento. Que no puedas acudir a tu empleo porque el conductor del transporte público hace huelga, me parece perfecto. Pero que el autobús no pueda salir de la estación porque los sindicalistas – por llamarles algo que no se merecen ni ese calificativo – impidan la conducción con barricadas, no es propio de una sociedad democrática y, a priori, decente.
Qué quiero transmitirles, se preguntarán. La falta de libertad y la presión que los españoles sufrimos ese día. Pero no somos nosotros culpables, no tenemos porqué jugarnos el tipo y enfrentarnos a esta Kale Borroka que puede asemejarse al terrorismo callejero de los cachorros de ETA. Las fuerzas y seguridad del Estado apenas actuaron. No sé si por órdenes de arriba, aunque lo imagino. Los trabajadores que decidieron ir a la Huelga se sintieron respaldados y defendidos ese día pero el resto de la sociedad quedó desamparada de derechos. Y más en una ciudad como Torrelavega. A mi me echaron del Supermercado Lupa y no había cerca ningún policía que me defendiera de los empujones e insultos.
Los que me leen a menudo quizás esto les resulte asombroso pero comparto con Revilla la idea de que el pasado 29 de septiembre quien perdió fue España. Todos salimos perdiendo de esta batalla y ni siquiera los Sindicatos han salido victoriosos. Las cifras que dicen cuántos secundaron el paro y cuántos no, varían de forma desproporcionada dependiendo de quién la publique. Les aseguro de que si los piquetes que informaban de las amenazas no hubiesen actuado de esa manera, la Huelga hubiese sido apoyada por una ridícula minoría.
Nos lo debemos de hacer mirar este odio puntual de un día. Si merecemos estos sindicatos que perdieron sus principios básicos y fundamentales. Si realmente representa a los empresarios una CEOE hundida con un Presidente claro ejemplo del fracaso empresarial por culpa de la crisis. Qué falta de respeto hacia la ciudadanía esa foto entre María Teresa Fernández de la Vega y Cándido Méndez besándose en la SER cuando el día antes se habían puesto a parir.
Impotente, amarrado a las amenazas, sin libertad, cohibido, incluso con miedo. Así me sentí el 29 – S por mi forma de ser. Hasta que tuve que hacer caso al consejo de un buen amigo: relájate y disfruta. Decidí ponerme a verlas pasar pero la procesión va por dentro y ésta, la tengo guardada. No fue más que un fracaso sindical, un fracaso totalmente social.