Sniace, la lucha continua



Tras meses de movilizaciones y tras haber entrado en situación de concurso de acreedores, una parte importante de la plantilla de la empresa Sniace, de Torrelavega, ha aceptado, en asamblea, negociar con la dirección de la empresa la situación laboral, tomando como punto de partida la llamada “hoja de ruta” del consejo de administración de Sniace. Jubilaciones definitivas para los trabajadores de 63 años, indemnizaciones para los que acepten rescindir el contrato y entrada en una póliza de seguro de la empresa, una vez acabado el desempleo, con un 80% del salario bruto para el resto.

Las últimas jornadas han sido decepcionantes, nos contaban varios trabajadores estos días. Al enigma sobre el destino de parte de las ayudas recibidas  por la empresa estos años, se ha unido la pasividad de algunas instituciones regionales y la impotencia de otras, como el ayuntamiento. El robo de cobre en las instalaciones las ha dejado inservibles, especialmente la planta de Viscocel, y la falta de un apoyo decidido de la ciudadanía ha demostrado “la soledad de una plantilla en la que “empieza a cundir el desaliento”, nos explicaba uno de los operarios.
Fundada en 1939 y operativa desde 1941, Sniace ha sido, a lo largo del siglo XX, parte de la identidad y del sustento económico de la ciudad, pero la lucha decidida de sus trabajadores por reabrirla encuentra cada vez más obstáculos. De hecho, uno de los motivos del cambio en la alcaldía a principios de año, fue crear un equipo de gobierno más implicado en la resolución del problema, pero ha hecho falta la amenaza de una huelga general en la ciudad para que se creara una mesa de trabajo para solucionar la crisis de la ciudad, mesa, de momento, poco fructífera.
Parte del problema nos lo explica Luis Corrales, delegado sindical de Comisiones Obreras, y miembro del comité de empresa.
¿Cuáles fueron las razones que llevaron a Sniace a despedir a tantos trabajadores?
Todos fuimos despedidos por carta el 26 de septiembre del 2013. El problema último fue la ley de reforma energética que decretó el gobierno de la nación del 28 de diciembre de 2012. Esa ley energética, lo que hacía era que uno de los negocios de la empresa (el negocio eléctrico) se viera gravado por el llamado céntimo verde, un impuesto que hacía inviable el negocio y arruinaba las inversiones realizadas para la generación de electricidad a partor de gas (las centrales de ciclo combinado). Eso, el aumento del 7% en la electricidad producida, la imposibilidad de recuperar las inversiones en las depuradoras, los costes medio ambientales y las deficiencias en la gestión nos han llevado a esta situación
¿Se puede entender la actual situación como un cierre brusco o como el colofón a un proceso de declive?.
Nuestra empresa estaba endeudada, pero se estaban cumpliendo los convenios que tenían con la seguridad social y otras instituciones, por lo que nos encontrábamos ante una deuda asumible. Pero la reforma energética rompió esos planes al introducirnos en números rojos de manera irremediable. La opción inicial de la la empresa fue echar mano de un expediente de regulación de empleo que redujera costes laborales a la espera de una modificación de la ley  energética. Pero la falta de esa reforma y la falta de apoyo institucional han llevado al despido de la plantilla a la situación en que nos encontramos ahora.
¿Se podría decir que hace unos años, los trabajadores, opusieron una mayor resistencia para que volviera a abrir que ahora? ¿O era diferente la forma de protestar?
Ha pasado 21 años, era diferente pero, lo primero, había casi el doble de plantilla y en ese año la crisis se produjo en un marco de conflictividad y crisis a nivel nacional en la que hubo una mayor conciencia social sobre el problema. Se tardó unos años en salir, nos tuvimos que enfrentar a un cierre patronal, a la perdida de accionariado y a una deuda tremenda, pero una mesa de trabajo donde fueron implicados todas las partes y todo tipo de administraciones permitió salir y continuar.
¿Ahora sería posible que los trabajadores se encerraran en Sniace, como protesta, como pasó hace 21 años?
Sería más complicado. Un motivo seria que los mayores guardan esa experiencia como un mal recuerdo. Pero no sería una posibilidad descartada, aunque si menos probable, y con menos apoyo, incluso en la ciudad.
La alcaldesa de Torrelavega dijo públicamente que Sniace volvería a abrir ¿Es eso cierto?
No lo sabemos. La alcaldesa tendrá las mismas esperanzas que nosotros para volver a abrir Sniace, pero lo cierto es que pocos pasos se han dado para cumplir esa esperanza.
¿Están sirviendo las manifestaciones? ¿Os están escuchando?
Sí, la presión social siempre hace mella, en este caso, en los políticos, aunque para ello es muy importante la unión sindical y la colaboración con la ciudad
¿Cuál es la situación judicial?
Ahora hay pendientes 2 juicios, uno en la Audiencia Nacional, a instancias de la propia empresa, que afecta al expediente de regulación y a los despidos, y las demandas individuales en los juzgados en Santander, que están paradas en espera de un acuerdo laboral.
¿Recibís apoyo de los comercios?
Escaso, el comercio en si no se ha volcado como se volcó hace 21 años
Si vuelve a abrir Sniace ¿Producirá tanto como en estos años o habrá recortes?
Es una gran incógnita. En principio luchamos para que arranque todo, siendo conscientes de que va a haber disminución de la plantilla y que algunas plantas están tal nivel de abandono y deterioro que el arranque va a ser complicado
¿Ahora hay alguien dentro de Sniace?
Sí, hay gente de seguridad, bomberos, algunos administrativos y poco más.
Ana P. Fernández, Irene Gutiérrez 

Estudiantes de secundaria, Torrelavega (Cantabria)

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